
| Bodega | Julia Casado |
| Denominación | Bullas DOP |
| Estilo de vino | Vino Blanco Seco Crujiente |
| Cosecha | 2023 |
| Cierre de botella | Corcho |
| Viticultura | Low Intervention Organic |
| Alcohol por volumen | 15% |
| Volumen | 750ml |
| Potencial de envejecimiento desde cosecha | < 5 Años |
| Envejecimiento | Barrica de roble vieja |
| Availability | Disponible |
Improbable vino blanco seco, puro y con cuerpo. Color amarillo anaranjado mate con un brillo espectacular. Vino difícil de captar lleno de misterio, tanto en nariz como en boca. Parece compuesto como una pieza musical, lo que tiene sentido para aquellos que conocen los antecedentes de Julia. Tanto la nariz como el gusto se acumulan in crescendo hasta una complejidad sin precedentes, que, sin embargo, sigue siendo aireado y extremadamente digerible. Un vino perfecto para todo que, gracias a su acidez, es ideal como aperitivo, pero también con mariscos por su complejidad y que incluso puede estar exóticamente especiado, los quesos de corteza lavada también enamorarán de inmediato y quien quiera bebe algo durante una conversación filosófica, ¡encuentra un compañero perfecto aquí! Temperatura de servicio: 12°C.
Fue en el Palatinado alemán donde pisé por primera vez un viñedo en mayo de 2008. Estuve estudiando varios años en la Musikhochschule Heidelberg-Mannheim y decidí tomarme un descanso de 6 meses para hacer unas prácticas Erasmus en una bodega de la 'Weinstrasse' y así terminar los estudios de Ingeniería Agrícola que aún me quedaban por completar en la UMH de Elche.
Ese mismo año, obtuve la beca para estudiar en Cuba. Volví directamente para hacer la vendimia, y entonces decidí matricularme en Enología. Pasé un año en Berlín, trabajando en el Departamento de Ciencias del Suelo de la Universidad de Humboldt y con otra beca para graduarme en alemán en el Goethe Institut. Cuando terminé mi carrera de Enología en 2010, me concedieron el premio extraordinario de fin de carrera, que consistió en terminar mis estudios con una estancia de 3 meses en la bodega Vega Sicilia, también con beca.
Cuando comencé mi pequeño proyecto en 2016, aún no tenía tierra ni bodega, ni ninguna vinculación familiar con la viticultura o el mundo del vino. Llegué a esta profesión por curiosidad, dejándome llevar por la intuición; y también por el azar, a través de pequeñas decisiones que fueron cambiando el rumbo de mi vida como estudiante en Alemania y España, y también en Cuba, donde pasé tres meses gracias a una beca para estudiar agroecología y desarrollo rural en la Universidad de La Habana. Fue allí donde se cruzaron los dos mundos de la música y la agricultura, y donde mi relación con ambos cambió para siempre.
Gracias a estas experiencias logré trabajar en otras bodegas, tanto en Argentina como en España (concretamente en la zona de Jumilla), hasta 2015. Así que no tenía ninguna experiencia como emprendedor, ni ningún ejemplo cercano del que inspirarme o pedir consejo... Probablemente por eso, por inconsciencia, me lancé a empezar mi propio proyecto.